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INTRODUCCIÓN

I. LOS LIBROS DE VIAJES DE LA EDAD MEDIA ESPAÑOLA:
PERSPECTIVAS DE SU INVESTIGACIÓN NUESTRA OPCIÓN



La lectura de los libros de viajes medievales desde una perspectiva literaria es relativamente reciente. Lo acostumbrado, sobre todo – pero no de forma exclusiva – en el siglo pasado, fue asignarles el estatuto de documentos histórico-geográficos. De esta forma, incluso su publicación ha quedado a cargo de instituciones que nada tenían que ver con los estudios literarios: los relatos de Juan del Plano Carpino, Marco Polo, Odorico de Pordenone, para citar, a manera de ejemplo, sólo algunos casos de los más conocidos, han merecido el justificado interés de la Société de Géographie que publicó sus libros en su Recueil de voyages et de mémoires respectivamente en 1839, 1824, 1821 [1]. Figuran los relatos de viajes como piezas privilegiadas en los repertorios bibliográficos dedicados a recoger documentos referentes al conocimiento de cierta zona geográfica, como la Bibliotheca geographica Palestinae (1890) de R. Röhricht. Asimismo, se les otorgó atención por parte de los que, con criterio de historiadores, se dedicaron al estudio de la actuación de las órdenes religiosas medievales, sobre todo de la franciscana: es el caso de la Biblioteca bio-bibliografica della Terra Santa e dell'Oriente francescano (1906–1927) de G. Golubovich o de los Itinera et relationes Fratrum minorum saec. XIII, XIV (1929) de A. Van den Wyngaert.

La publicación de dos importantes relatos de viajes españoles de la Edad Media, el Libro del conosçimiento... (en el Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, 1877) y el Tratado de las andanças e viajes... de Pero Tafur (¡en la "Colección de Libros Españoles Raros o Curiosos"!, 1874) demuestra, por medio de las amplias notas de su editor, el erudito Marcos Jiménez de la Espada, el mismo tipo de interés, orientado antes bien hacia su consideración desde la perspectiva de unos documentos histórico-geográficos.

Esta tendencia a considerar en primer lugar su valor documental se ha perpetuado en nuestro siglo: a Jean Richard se le debe un estudio fundamental sobre los relatos de viajes medievales analizados desde tal perspectiva (1981); se sabe que también representan los libros de viajes una categoría de documentos privilegiados especialmente desde el punto de vista de los historiadores de las mentalidades medievales (Jacques le Goff, Jean Delumeau, Georges Duby, etc).

Sin embargo, los libros de viajes han terminado por llamar la atención de los filólogos. En España, un papel importante fue el desempeñado por la labor de Francisco López Estrada que tanto por su ejemplar edición de la Embajada a Tamorlán (1943), como por toda una serie de valiosísimos estudios literarios (1943, 1980, 1982, 1984, etc.) ha llamado constantemente la atención sobre estos textos considerados como momentos significativos de la dinámica de la prosa castellana medieval. También desde la perspectiva de la investigación literaria aborda Franco Meregalli, en su Cronisti e viaggiatori castigliani del Quattrocento (1957), la Embajada a Tamorlán y el relato de Pero Tafur, considerados en el contexto de la literatura cronística de su época.

El estudio de Barbara W. Fick, El libro de viajes en la España medieval [2] (1976) se propone delinear el género excluyendo los relatos de viajes ficticios y enfocando sólo los viajes históricos; de esta forma, su corpus está constituido por la Embajada a Tamorlán, las Andanças y viajes de Pero Tafur y, además, como resultado de una opción muy discutible, por El Victorial de Gutierre Díez de Games que es, en realidad, una biografía heroica en la cual está insertado un episodio de viajes. La autora considera que los libros de viajes representan un género que se diferencia de la autobiografía, la biografía y la crónica histórica, a pesar de contener rasgos de cada uno de estos géneros. Piensa que sólo se tienen que enmarcar dentro del campo de los libros de viajes aquellos relatos en que el autor centre su atención únicamente en lo que sucedió en el período del viaje, con lo cual llega a la conclusión de que es el relato de Pero Tafur el más auténtico representante del género en la Edad Media española. El hecho de no situar correspondientemente este libro en el contexto de la literatura medieval europea hace pensar a la investigadora que era Tafur persona poseedora de una educación y cultura humanísticas lo que, desgraciadamente, falsea el análisis del texto de éste. La selección inadecuada del corpus analizado y el no haber comprendido suficientemente el papel de ciertas secuencias de los textos estudiados (como, por ejemplo, el de las digresiones históricas y legendarias) determinan que el libro de Bárbara Fick – aunque tiene el mérito de haber intentado lograr una síntesis sobre el tema en un campo investigativo casi virgen – no consigue deslindar suficientes rasgos propios del género enfocado, ni establecer correspondientemente las relaciones de éste con los demás tipos de textos con los cuales tiene puntos de contacto.

En 1984, el artículo de Miguel Ángel Pérez Priego ("Estudio literario de los libros de viajes medievales"), importántisimo por haber trazado la vía de muchas de las ulteriores investigaciones literarias sobre el tema, propone el análisis de los rasgos artísticos que definen y delinean una configuración genérica particular en el marco de la prosa castellana medieval.

Un eco de la investigación que acabamos de mencionar es la antología de Joaquín Rubio Tovar, Libros españoles de viajes medievales (1986) que además de facilitar la lectura de una interesante selección de textos los sitúa en el ambiente histórico del pensamiento medieval.

En 1991, la Revista de Filología Románica publica, bajo la coordinación de Eugenia Popeanga, un anejo monográfico que concierne a los libros de viajes y a su difusión en el mundo románico medieval; el artículo inicial de Eugenia Popeanga, "Lectura e investigación de los libros de viajes medievales" plantea los problemas teóricos referentes a la metodología del estudio de los relatos de viajes, constituyendo, al mismo tiempo, un eslabón en la serie de estudios (1989, 1990, 1991 b, 1992) que la investigadora ha dedicado a estos textos, siempre considerados desde la perspectiva de su relación con el ambiente literario románico.

Los libros de viajes castellanos cuentan, en el mencionado anejo, con el excelente artículo de Rafael Beltrán, "Los libros de viajes castellanos. Introducción al panorama crítico actual: ¿cuántos libros de viajes medievales castellanos?" que a su vez se inscribe en una serie de investigaciones en las cuales este autor ha enfocado toda una serie de problemas referentes al estudio literario de los relatos de viajes (1985, 1987), con especial insistencia en el Tratado de las andanças e viajes de Pero Tafur.

Se tienen que mencionar asimismo los estudios de Sofía Carrizo Rueda (1988, 1989, 1992, 1993 1994, 1995) que proponen la lectura de los libros de viajes castellanos desde una perspectiva intertextual.

Claro está, la rápida reseña que acabamos de presentar no enfoca sino las orientaciones – desde nuestro punto de vista – más significativas en el ambiente crítico que se ha desarrollado en torno a los relatos de viajes, centrándose nuestra atención en las indagaciones que presentan una perspectiva estrictamente literaria. La línea de investigación que hemos señalado al principio, es decir la que considera los libros de viajes como documentos, no ha cesado, evidentemente, de desarrollarse; señalaremos, en nuestra Bibliografía, sus principales componentes.

* * *

Al abordar el estudio de los libros de viajes desde una perspectiva literaria, se plantea inmediatamente el problema del método idóneo que se tendría que adoptar para identificar los rasgos característicos que constituyen la identidad propia de estos relatos en el marco de la literatura medieval. En este sentido, el problema queda ya expuesto en el artículo ya citado de Eugenia Popeanga, "Lectura e investigación de los libros de viajes medievales" publicado en el Anejo I (1991) de la Revista de Filología Románica.

Parte la investigadora desde la observación de que el adoptar una metodología unitaria de trabajo resulta ser un problema espinoso, dado el carácter heterogéneo del corpus de textos que se enfoca. Opina que "la metodología derivada del estructuralismo y del enfoque semiótico puede arrojar plausibles resultados por cuanto aquéllos tengan de imaginativo y de actitud constructiva." señalando, sin embargo el hecho de que "las tendencias extremas de la semiótica [...] bien pueden dar lugar al olvido del texto medieval, al dar prioridad al trabajo del investigador, de tal modo y manera que el lector moderno tienda a considerar el texto en cuestión [...] como una recreación del crítico." Al definir la orientación de las investigaciones que coordina, considera válida "la doble lectura de un mismo corpus textual: una que ilumine su entorno contextual, su circunstancia histórica; otra que dé razón del texto mismo, de su realidad intrínseca." Constata que, enfocados desde el punto de vista de su realidad intrínseca, los estudios pueden realizarse desde dos perspectivas: la perspectiva semiótica "interesada más bien en el sistema y en las relaciones intercódigos (es decir, que centra su interés en la obra, aunque no sólo «en sí» como lo hacen los estructuralistas), [...] tendencia idealista, operante a partir de unos modelos, lejana, por lo tanto a la realidad histórica y concreta y cercana «a priori» de un Supercódigo o de un metalenguaje artificioso"; sin exclusión de ésta, la otra perspectiva señalada por la investigadora es la de "adoptar por guía los mejores aportes de la filología románica tradicional, esto es un importante acopio de datos, desde los simplemente contextuales hasta los que inciden en el texto de forma más directa, capaces todos ellos de envolver el texto mismo en esa espesa capa de hechos objetivos histórico-lingüísticos [...]."

Nos hemos referido ampliamente a este artículo y a sus posiciones teóricas, por constituir, que sepamos, el más reciente planteamiento teórico referente a los libros de viajes medievales del ámbito románico. Será, por consiguiente, con respecto a este plantemiento que tendremos que definir la perspectiva desde la cual la presente tesis enfoca el estudio de los relatos de viajes.

El objetivo que nos hemos propuesto es el de estudiar los relatos de viajes castellanos de los siglos XIV y XV, por una parte, como representantes de la prosa medieval castellana, considerándolos desde el punto de vista de las relaciones que existen entre dichos relatos y otros textos prosísticos coetáneos. Tales relaciones se dejan percibir al identificar en los libros de viajes secuencias recurrentes, comparables con secuencias similares que aparecen en el marco de textos de intencionalidad y carácter distinto; tendremos que analizar, en cada caso, si las funciones que las secuencias analizadas cumplen en el marco de los relatos de viajes son idénticas o diferentes de las cumplidas en el marco de los textos con los cuales estos relatos se comparan. Por otra parte, hemos considerado esencial el situar los libros castellanos en la serie de los relatos de viajes románicos, con los cuales demuestran evidentes afinidades. Finalmente, no hemos ni muchísimo menos ignorado el trasfondo libresco de la latinidad medieval considerada en sus líneas de continuidad con respecto a la antigua, determinados aspectos textuales de los relatos de viajes dejándose estudiar a la luz de tal ininterrumpida tradición erudita.

De esta forma, pensamos situar los libros de viajes con más propiedad en el marco de la prosa medieval, matizando sus características por comparación con otros tipos de textos o con los textos románicos de la misma serie y contribuyendo a la mejor caracterización de un género que se viene considerando como de difícil clasificación dentro de la literatura medieval.

La índole de las intenciones investigativas que acabamos de describir nos impone utilizar las técnicas del análisis retórico, teniendo siempre en cuenta el hecho de que analizamos textos cuya fundamental función es la informativa y que, en su mayoría, no se elaboraron con intencionalidad literaria, pero que se valen, todos, de los esquemas específicos de la prosa retórica. Intentaremos, cada vez que sea posible, aislar el desplazamiento desde lo pura y fundamentalmente informativo hacia lo ficcional, identificando los rasgos de literariedad del corpus que estudiamos. Nos valdremos de las orientaciones investigativas de la Quellenforschung que, a pesar de haber llegado a ser un nomen odiosum para las corrientes muy recientes de la investigación literaria, no creemos que se puedan abandonar al enfocar un dominio de estudio como el de la literatura medieval para la cual la permanente referencia al trasfondo de la tradición literaria representa una de las características constitutivas.

Desde tal perspectiva, presentaremos la tipología de los libros de viajes románicos del Occidente medieval, considerándola desde el punto de vista de la indagación literaria y no de la documental-histórica, como se ha venido proponerse hasta el presente. Dedicaremos un capítulo aparte a la circulación de los libros de viajes en el ámbito ibero-románico de los siglos XIV–XV, estudiando las vías de transmisión de estos textos y presentando detalladamente los "miembros" genuinamente castellanos del corpus que, una vez delineado, nos permitirá el análisis de sus contenidos informativos y de las coordenadas específicas del discurso científico medieval con el cual nuestros textos manifiestan una solidaridad de principio. La parte más amplia de nuestro enfoque se centrará en el análisis de las secuencias retóricas a base de las cuales se elabora el discurso de los libros de viajes castellanos de los siglos XIV y XV. Nuestro trabajo cuenta también con un excurso que estudia, por una parte, las características de la transmisión y recepción de determinados contenidos informativos del discurso de viajes y, por otra, los valores distintos que éstos adquiren en diferentes tipos de textos (erudito-humanístico, divulgativo, relato de viajes).




[1]Como en el presente apartado no nos referiremos concretamente a los estudios que mencionamos, los indicaremos sólo de forma sumaria. Para las indicaciones bibliográficas completas remitimos a la consulta de nuestra Bibliografía.

[2] Cf. también la reseña de Francisco López Estrada en la Revista de Filología Española, 61, 1981.


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