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IV. EL DISCURSO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO
EN LOS LIBROS DE VIAJES MEDIEVALES



Según se ha visto en el capítulo referente a la tipología de los relatos de viajes, la principal materia que éstos vehiculan es la que con nuestros criterios se enmarcaría en los campos de la historia y en el de la geografía; dos disciplinas que, en la Edad Media, no formaban parte del sistema institucionalizado del saber, al no representar materias aparte del Trivium y del Quadrivium.

Sin embargo, los textos de los historiadores (latinos) se estudiaban en el marco de las clases de retórica por su condición de textos prosísticos modélicos; por otra parte, la existencia de la historiografía oficial, primero en latín y después en romance, hizo que esta disciplina ocupara un lugar aparte en el horizonte de la cultura medieval.

En cuanto a los datos geográficos, aunque no están circunscritos en el campo de una disciplina particular, aparecen tanto en los texos científicos del tiempo como en ciertos escritos de ficción, gozando de un interés especial que no siempre se relaciona con el saber positivo sino que, muchas veces, se integra en la esfera de lo imaginario.

Dedicaremos la primera parte de este capítulo a la información geográfica contenida en los relatos de viajes, para después, en una segunda parte, ocuparnos de la información histórica.


Geografía empírica y geografía ideológica

A pesar de no enseñarse en las escuelas como disciplina en sí, ocupaba la geografía un sector significativo en el ámbito intelectual de las letras medievales; las enciclopedias engloban constantemente importantes capítulos dedicados a la cosmografía y, como una consecuencia de ésta, a lo que nosotros llamaríamos hoy geografía (se sabe que el término como tal apareció sólo a principios del siglo XVI). Así por ejemplo, las Etimologías de San Isidoro, "pieza bibliográfica" básica en el curriculum de la erudición medieval, además del libro XIV (De terra et partibus) cuyo enfoque es principalmente geográfico, proporciona información de este tipo también en el libro XIII (De mundo et partibus), en el XII (De animalibus) y en el XI (De homine et portentis). Tal como se presentan en esta temprana enciclopedia, los conocimientos geográficos forman parte de la herencia que la Antigüedad legó al Medioevo constituida en un amplio corpus con valor de auctoritas; un erudito del 1400, Pierre d'Ailly, al redactar su Ymago mundi en la cual la cosmografía y la geografía se dan la mano, en cuanto a ésta sigue perpetuando el caudal de las opiniones de los autores antiguos recogidos por Isidoro y que para él todavía constituyen una autoridad.

En este ambiente, la situación de los viajeros se revela ser bastante delicada: por una parte, no se trata, en la abrumadura mayoría de los casos, de hombres eruditos; sus conocimientos son, muchas veces, de oídas. Por otra parte, su propósito no es el de realizar descubrimientos geográficos o de actuar como verdaderos historiadores cuyas investigaciones estén destinadas a la opinión científica de su tiempo sino, según hemos visto en el capítulo precedente, el de contar un viaje de peregrinación con vistas a contribuir a la edificación religiosa de sus lectores, o el de informar con respecto al cumplimiento de una misión, o el de narrar un acontecimiento importante de su autobiografía, etc. Sin embargo, contar el viaje impone referirse a la geografía; dos vías se abren: o bien identificar los datos de la realidad contemplada con los elementos del mundo libresco (el Nilo es uno de los cuatro ríos que manan del Paraíso, dirán todos los viajeros medievales), o bien corregir los datos de la geografía erudita por medio de los resultados de la experiencia directa (Rubruk[1] rectifica la afirmación de San Isidoro conformemente a la cual el Mar Caspio es un golfo del Océano).

Es el primer tipo de actitud el predominante, porque la manera de concebir el saber geográfico en la Edad Media sigue una pauta particular. En este sentido, el libro de Leonardo Olschki, Storia letteraria delle scoperte geografiche, ha aclarado la diferencia que en aquella época se daba entre dos modalidades distintas de enfocar esta esfera de los conocimientos humanos: constata el autor la distinción que existe entre geografía empírica y geografía ideológica, siendo ésta la que configura principalmente la concepción acerca de la tierra y sus partes tanto en los libros del saber enciclopédico medieval como en los testimonios de los viajeros; se trata, en breves palabras, no de datos obtenidos y averiguados por medio de la experiencia, sino de la propuesta de una visión sobre la tierra, visión enriquecida por medio de toda una serie de elementos doctrinales; la adquisición de tal manera de concebir la realidad hizo que, para los viajeros, el acto de descubrimiento no consistiera básicamente en identificar lo nuevo como tal y, consiguientemente describirlo, sino, antes bien, en reconocer en la realidad con la cual entraban en contacto los elementos de la visión propuesta por el saber libresco difundido – incluso en las capas del público no muy ducho en cosas eruditas – por medio de diferentes canales de divulgación [2].

En este punto tendremos que observar una diferencia entre los libros de viajes reales y algunos de los imaginarios, sobre todo los más tempranos: la geografía empírica (distancias, descripciones de regiones, etc) es la que predomina, aunque no de forma exclusiva, en los viajes reales; la geografía ideológica predomina en proporción abrumadora en los relatos imaginarios que se constituyen, según se ha afirmado sobre el libro de Mandevilla, en "enciclopedias populares" realizadas por medio de la compilación erudita.

Lo que desde el punto de vista de la información geográfica destaca en los relatos de viajes es, en primer lugar, toda una serie de elementos pertenecientes a la llamada geografía empírica: descripciones de regiones con el relieve, clima, riquezas naturales, curiosidades de todo tipo; representan, asimismo, los relatos de viajes preciosos documentos de la toponimia de su época y, por consiguiente, permite su estudio la identificación de ciertas rutas (militares, comerciales, de peregrinación). Sería imposible ofrecer aquí siquiera la más sumaria perspectiva sobre el caudal de datos de este tipo, muy abundante y, por lo demás, de dificilísima clasificación.

En segundo lugar (por orden de frecuencia) aparece la información de tipo teórico que permite reconstruir la imagen que los siglos medios tenían acerca de la tierra y de su configuración. La dificultad, cuando se trata de la reconstitución de esta imagen, reside en lo abigarrado de la información ofrecida por los textos, lo que impide encontrar en los relatos de viajes un discurso científico coherente; tal situación está engendrada por el hecho de que los conocimientos de los autores proceden de varias fuentes y la doctrina del saber, en la Edad Media, no tiende tanto a seleccionar los datos de acuerdo con criterios empíricos, sino, todo lo contrario, atesorar de modo exhaustivo todas las informaciones que versan sobre cierto aspecto de la realidad.

De tal forma, un libro como el de Juan de Mandevilla, que hoy en día tiene la mala reputación de un libro de patrañas, vehicula, a pesar de su carácter de viaje ficticio, toda una serie de datos que, en la época de su redacción, constituían la base del saber cosmográfico-geográfico que las universidades enseñaban (¡en astronomía!). Así, las principales ideas cosmográficas del libro de Juan de Mandevilla proceden del tratado De Sphaera de Sacrobosco: la esfericidad de la tierra, sus dimensiones, las cinco zonas del orbe, (con el rechazo de la idea difundida sobre una zona tórrida inhabitable [3]), los siete climas gobernados por los siete planetas. Asimismo, el conocimiento del mencionado tratado, le permite rechazar una idea conocidísima entre los ignorantes, conformemente a la cual los hombres del otro emisferio terrestre viven como colgados, cabeza abajo. No obstante, sitúa a Jerusalén en el centro del mundo, posición insostenible si se siguen rigurosamente las premisas de Sacrobosco; el "viajero" insiste en esta aserción basándose en las palabras del Psalmista "Et operata est salutem in medio terrae" [4], dejándose llevar por los requisitos de la geografía ideológica o, quizás, por la inclinación a presentar de forma exhaustiva los puntos de vista de sus tan variadas fuentes, sin preocupación alguna por la coherencia de los datos.

La información geográfica, tal como la época la concebía, constituye una preocupación dominante del autor del Libro del conosçcimiento.... Además de señalar constantemente las características de las regiones que "recorre" (relieve, clima, riquezas naturales), el "franciscano" alude, a su vez, a la teoría de los siete climas y a la influencia de éstos en los temperamentos humanos (1) y expone la concepción de su tiempo acerca de los océanos que dividen la tierra (2), concepción que implica la división en tres continentes:

 

(1) El primero dellos la tierra de babilonja e de persia que son temprada gente porque son en medio de las climas en el ligar o son las naturas e las conplisiones templadas ca son en el comienço del medio ocidental del poblado [...] E por esto los romanos que son en la clima quinta e toman la sexta ya quanto han señorío e ley e sciencias e saberes como quier que menos los otros, etc.

 

(2) E sabet que este mar de jndia es vn braço que entra del grant mar oriental. E dizen algunos que atrauiesa toda la tierra fasta el mar occidental. E los sabios dizen le el mar meridional. E deste mar fasta el polo antartico es vna grand tierra que es la deçima parte de la faz de la tierra. E quando el sol es en el tropaco de capricornio pasa el sol sobre las cabeças de los pobladores a los quales llaman los sabios antipodas... [5]


Uno de los intereses constantes de la geografía propuesta por los libros de viajes es la evocación de ciertos espacios privilegiados que, creemos, constituyen un aspecto esencial de lo que Olschki llamaba geografía ideológica: espacios pertenecientes a lo maravilloso, representados por el Paraíso Terrenal, el país del Preste Juan, las islas fabulosas de los confines del mundo y, generalmente, por toda zona marginal desde el punto de vista geográfico y, por consiguiente, desconocida. Tales espacios, antecesores de las modernas utopías, se organizan en torno a determinadas coordenadas recurrentes:

• abundancia vegetal lujuriante

• fauna de gran tamaño

• riquezas fabulosas en oro, pedrerías y especias de todo tipo

• razas humanas que gozan de longevidad, que llevan una vida pura y que se rigen por una justicia intachable

• libertad sexual, desnudez corporal, hábitos alimenticios extravagantes

• monstruos humanos y animales

• territorios de índole escatológica (el Paraíso Terrenal o, al contrario, espacios estructurados como paradigmas del Infierno).

Es de notar que dos son los filones que han contribuido a la constitución de lo que llamaríamos el espacio imaginario del mirabilisOriens: la tradición greco-latina y la Biblia glosada por la tradición cristiana. Los canales por los cuales dichos datos se han transmitido hasta los finales de la Edad Media fueron, por una parte, el de la erudición científica que parte de las síntesis de la latinidad post-clásica (principalmente la de Plinio) pasando por las enciclopedias medievales y por los escritos de tipo didáctico-moral vinculados con ellas (bestiarios, lapidarios, herbarios), por otra parte, ciertos textos de la literatura ficcional entre los cuales destacan los pertenecientes al gran ciclo medieval de Alejandro Magno.

Un problema previo se plantea: el de explicar la aceptación de la cual han gozado en el mundo cristiano las ideas científicas de la Antigüedad pagana; se explica ésta por medio de la cristianización de dichas ideas en el ambiente de los primeros siglos de la era cristiana, proceso que se ha realizado por la interpretación del discurso antiguo conformemente a las premisas de la nueva religión.

Elegimos, por ser muy llamativo a este respecto, el ejemplo de la asimilación medieval de los numerosos mirabilia legados por la tradición antigua.

Es sabido que en este sentido, la obra que se constituyó en fuente principal de la ciencia medieval fue la Historia Naturalis de Plinio. En esta inmensa compilación, de declarado propósito divulgador, ocupan lugar destacado los prodigios que desde las primeras descripciones (griegas y después, latinas) del mundo venían enumerándose; Plinio evita la posible objeción de inverosimilitud explicando los prodigios por el poder y la majestad de la naturaleza que, en cualquier momento, supera la humana capacidad de concederle crédito:


Naturae vero rerum vis atque maiestas in omnibus momentis fide caret, si quis modo partes eius, ac non totam complectatur animo. [6]

 

Con lo cual, sigue desarrollando con desenfado el cuadro de los mirabilia enumerando cuantos seres extraños sus fuentes le habían legado: los Cíclopes (VII, 2) conocidos ya desde la geografía fantástica de la Odisea, los píos hiperbóreos longevos que viven hacia el Aquilón y no conocen la discordia (IV, 27), los arimaspes en perpetua lucha contra los grifos guardianes del oro (IV, 26; VI, 19; VII, 2), los antropófagos y andróginos (VII, 3); además, se configura el cuadro de las maravillas marginales como un mundo al revés: hombres cuyos cabellos negros en su juventud, ennegrecen a la vejez (VII, 2).

Al hablar en su De civitate Dei sobre las razas monstruosas (para la lista de las cuales utiliza ampliamente a Plinio: monóculos, blemmyas, andróginos, esciápodas, pigmeos, etc.), San Agustín justifica su existencia por la actuación de la voluntad divina que el hombre no puede comprender en totalidad, con lo cual esta parte de la Creación le parece monstruosa:

 
Deus enim creator est omnium, qui ubi et quando creari quid pulchritudinem quarum partium vel similitudine vel diversitate contexat. Sed qui totum inspicere non potest, tanquam deformitate partis offenditur; quoniam cui congruat et quo referatur, ignorat. [7]

 

Es el argumento que va autilizar, a su vez, San Isidoro de Sevilla:

Portenta esse Varro ait quae contra naturam nata videntur: sed non sunt contra naturam, quia divina voluntate fiunt, cum voluntas Creatoris cuiusque conditae rei natura sit. Unde et ipsi gentiles Deum modo Naturam, modo Deum appellant. Portentum ergo fit non contra naturam, sed contra quam est nota natura. [8]

 

Después de creada la armazón ideológica, el discurso antiguo se integra sin dificultad en la naciente tradición científica medieval perpetuándose durante largas centurias, hasta la progresiva desaparición de tales mitos librescos a medida que un mejor conocimiento de la geografía se alcanza como consecuencia de los Descubrimientos.

Las fuentes de los antes mencionados espacios de lo imaginario medieval – Paraíso terrenal, tierras del Preste Juan, islas fabulosas – así como la transmisión de estas fuentes se han estudiado a fondo por Jean Delumeau [9]. No haremos, aquí, sino recordar de forma concisa los hitos de tal tradición cultural, para analizar, después, el tratamiento que estos espacios han recibido sobre todo en los libros castellanos de viajes.

En cuanto al Paraíso Terrenal, el texto fundador es el del Génesis, 2, 8–15, glosado por toda una tradición posterior en la cual, para el Occidente medieval, destacan San Agustino y San Isidoro de Sevilla cuyo pasaje referente a este espacio reproducimos:

 
Paradisus est locus in orientis partibus constitutus, cuius vocabulum ex Graeco in Latinum vertitur hortus: porro Hebraice Eden dicitur, quod in nostra lingua deliciae interpretatur. Quod utrumque iunctum facit hortum deliciarum; est enim omni genere ligni et pomiferarum arborum consitus, habens etiam et lignum vitae: non ibi frigus, non aestus, sed perpetua aeris temperies. E cuius medio fons prorumpens totum nemus inrigat, dividiturque in quattuor nascentia flumina. Cuius loci post peccatum hominis aditus interclusus est; septus est enim undique romphea flammea, id est muro igneo accintus, ita ut eiuscum caelo pene iungat incendium. [10]

 

Por nuestra parte, señalamos, (además de la tradición enciclopédica mencionada por Jean Delumeau, tradición que vuelve a reproducir literalmente o glosa repetidamente el texto isidoriano) el pasaje correspondiente de la Semeiança del mundo (c. 1223), el más temprano compendio geográfico en lengua castellana, basado en las Etimologías de San Isidoro y en la Imago Mundi de Honorio de Autun:

 
E en esta partida de Asya es el parayso terrenal, e es vn lugar deseoso de ver e lleno de todo deleyte e de todo bien, e es lugar a do non puede entrar ningun ome que sea, nin otra cosa, ca es çerrado de muro de fuego fasta el çielo. E en este lugar esta el arbol de vida, e ha tal fruto que quien del comiere sera todo sienpre en vn estado e non moryra. [11]

 

Los autores castellanos de relatos de viajes reales, el redactor de la Embajada... y el caballero Pero Tafur parecen considerar como cierta la existencia del Paraíso; no lo localizan pero señalan con mucha seguridad de sí mismos los ríos que manan de aquel deleitoso lugar:

Y esta ciudad de Arsinga está hecha en un llano cerca de un río que es llamado Eufrates, y es uno de los ríos que salen del Paraíso.

Y jueves siguiente [...] llegaron a un gran río que es llamado Viadme, y éste es el otro río que sale del Paraíso... [12]

...finalmente llegamos al puerto de Damiata, donde el rio Nilo, que proçede de Parayso terrenal, entra en el mar...

en tanto que allí estuve, fuy a ver la Tana [...] é dizen que es otra agua que sale del Parayso terrenal... [13]

La tierra del Preste Juan [14] – el legendario emperador-sacerdote cristiano, guardián del sepulcro del apóstol Tomás y señor de tierras ubérrimas situadas en la vecindad del Paraíso Terrenal – se menciona por Pero Tafur en la parte en la cual introduce en discurso indirecto la narración del veneciano Nicolo dei Conti (cf. nuestro excurso final); de esta forma, el famoso reino de los confines del mundo llega a integrarse en un relato tan positivo y poco inclinado hacia lo maravilloso como el de Tafur que, interponiendo a Nicolo dei Conti, no corre el riesgo de que se considere su relato una exageración típicamente andaluza; por lo demás, aprovecha la oportunidad para sostener de forma indirecta la idea de una hipotética cruzada, idea que parece preocuparlo seriamente, por ser Tafur persona imbuida del espíritu caballeresco de su tiempo; en otros contextos confiesa su desengaño ante la incapacidad de la cristiandad de unirse frente al poder musulmán, pero aquí presenta al Preste Juan como modelo ejemplar de soberano dispuesto a pelear por Jerusalén, a pesar de hallarse más lejos de la Tierra Santa que los príncipes cristianos:

 
Dize como el Preste Juan contínuamente lo tinía en su casa preguntándole de la parte del mundo de acá, é qué prínçipes avía, é de qué grandeza, é con quién avían guerras, é tanto, que estando él allá vido dos veçes embiar embaxadores el Preste Juan á los prínçipes de acá, pero que non oyó dezir que oviese respuesta dellos, aunque vido adersçar al Preste Juan de venir con sus huestes fasta Ierusalem, que es mucha más tierra que de allá acá. [15]

 

La actitud de Tafur es, en esta situación, típica del que habla de oídas; varios viajeros anteriores (Rubruk, Marco Polo, Odorico de Pordenone) que habían llegado al Extremo Oriente insisten en afirmar el carácter exagerado que en Europa se había dado a las noticias sobre el fabuloso emperador.

No nos va a sorprender que, a pesar de las reservas formuladas por los viajeros auténticos, para los relatos imaginarios tanto el Paraíso Terrenal como la tierra del Preste Juan se convierten en sedes favorecidas de lo maravilloso; como tales libros se elaboran a partir de fuentes librescas, encontraremos en ellos la mayoría de las informaciones características que éstas ofrecen en lo referente a dichos espacios; la llamada geografía ideológica tiene aquí toda su eficacia, plasmando zonas de lo imaginario que, en diversas formas, mantendrán su interés hasta el siglo XVIII.

El libro de Mandevilla ofrece amplias secuencias referentes a estas zonas en las cuales se reconocen las coordenadas mencionadas arriba, fundamentales en la constitución del espacio geográfico marginal en el marco del imaginario medieval; en cuanto a la tierra del Preste Juan de la India, desarrolla Mandevilla los núcleos de la célebre carta anterior en dos siglos, revelando, además, una contaminación entre dos tipos de espacios de lo maravilloso: el fabuloso reino del emperador-sacerdote y el espacio insular; efectivamente, para nuestro autor, el país del Preste Juan está integrado por las islas que flotan en las aguas que manan del Paraíso:

 
...aquel Rey prestre johan tiene muy grant tierra et ha muchas buenas cibdades e buenas villas en su Regno e muy diuersas yslas grandes e largas. Car esta tierra de jndia es toda diuisada por yslas por causa delas grandes Riberas que vienen de paradiso. [...] enla tierra prestre johan ay muchas diuerssas cosas e muchas piedras preciosas asi granndes e assi largas que hombre faze vaxiella plates escudiellas taças e muchas d'otras maraueillas. [...] Et a iij jornadas luein d'aquella mar ay grandes montaynnas delas quoales salle vn Rio que viene de paradiso et es todo de piedras preciosas sin agoa. [...] Et en esta tierra desierta hay muchos hombres saluuages cornudos e espantables e no fablan point. [16]

El viaje por el mapa que es el Libro del conosçimiento..., localiza el Paraíso en "las altas sierras del polo antartico" y lo relaciona también con el reino del Preste Juan:

 
...y llegue a vna gran çibdat que dizen graçiona que es cabeça del ynperio de abdeselib que quiere dezir sieruo de la cruz e este abdeselib es defendedor de la iglesia de nubia e de etiopia e este defiende al preste juan que es patriarca de nubia e de etiopia e señorea muy grandes tierras e muchas çibdades de xianos pero que son negros como la pez e quemanse con fuego en señal de cruz en rreconosçimiento de bautismo e como quier que estas gentes son negros pero son omes de buen entendimiento, e de buen seso e an saberes e çiençias e an tierra muy abondada de todos los bienes porque ay muchas aguas e buenas de las que salen del pollo antartico do diz que es el paraiso terrenal... [17]

Al resumir la amplia descripción del Paraíso propuesta por el Libro del conosçimiento...retenemos que se halla situado, de forma muy conforme con la opinión de la erudición medieval, en un lugar alto de donde manan los cuatro ríos, que es lugar templado donde "nunca faze noche nin tiniebra nin faze frio nin calentura nin sequedat nin vmidat mas mucho egual templamiento" y que los animales y plantas de la zona "non pueden jamas conrromper nin morir". También se refiere el autor de este viaje imaginario a otros parajes marginales y aislados en los cuales sitúa la monstruosidad o la riqueza características de este tipo de espacio imginario: hombres sin cuello en Noruega (apud Plinio, Gelio y Solino), pigmeos que luchan contra las grullas en India, minas de metales preciosos situadas asimismo en India, cinocéfalos en los confines del Catay, etc. [18].

El Libro del Infante don Pedro de Portugal asocia, asimismo, la tierra del Preste Juan y el Paraíso: para llegar en la proximidad de éste, situado en lugar alto y montañoso, se tiene que partir del reino del rey-sacerdote y atravesar un desierto, después de lo cual se pueden contemplar los cuatro ríos que salen del jardín prohibido:

 
Partimos vn lunes & atrauessamos desde la ciudad de Edicia fasta el parayso terrenal: & para yr al desierto trauessamos diez & siete jornadas de dromedarios [...] que es quarenta leguas: y eneste camino & desierto no ay caminos que guiassen por mar ni por tierra: & llegamos a ojo delas sierras. [...] & de alli venimos a Tigris e a eufrates y a gion & a Fison: que son [quatro] rios que salen del parayso terrenal. y por el tigris salen ramos de oliuas y acipreses. E por [el rio] de eufrates salen palmas y arrayhan & por [el rio de Gion] sale vn arbol quese llama Linaloe: & por [el rio de Fison] salen los papagayos en sus nidos por el agua: & destos rios se mantiene todo el mundo de aguas. [19]

Interesante es que Gómez de Santiesteban sitúa en estos parajes próximos al Paraíso dos árboles que, creemos, establecen una correspondencia simbólica con los dos árboles paradisíacos, el árbol de la vida y el del conocimiento, prohibidos después de la caída de la pareja primordial: se trata de dos árboles que llevan cada uno cuarenta peras, "y esto significa la sancta quarentena"; las frutas presentan una característica milagrosa:


y estas peras son etregadas al preste Juan: y el las reparte por todas sus provinçias alos señores principales por confirmar los en la fe de [nuestro] señor Jesu christo: porque vean el milagro que en aquella fruta es: que en cada parte (que se parte) paresce [enella] el crucifixo & sancta maria con su hijo enlos braços. [20]

Pensamos que es evidente el valor simbólico compensador de los dos árboles: a diferencia de los paradisíacos, prohibidos a causa del pecado primordial, los de las tierras del Preste Juan llevan frutas que indican la vía espiritual de la salvación no sólo por las imágenes sagradas que encierran sino también por su número: la cuarentena remite a la duración de la cuaresma, el tiempo de purificación que precede las Pascuas.

El mencionado libro pretende presentar, asimismo, una supuesta carta del Preste Juan dirigida por medio del infante don Pedro "a los de poniente", como confirmación de la primera carta que antaño habría enviado a los mismos; es la prueba de que el famoso falso seguía entusiasmando la fantasía de los lectores de finales del siglo XV.

El tercer tipo de espacio maravilloso, el insular, cuenta, asimismo, con una antiquísima tradición libresca; desde las islas pobladas de seres fantásticos de la Odisea y desde la platónica Atlántida (inmensas riquezas vegetales y minas de metales nobles, organización política de origen divino) [21], desde las Islas de los Bienaventurados de Hesíosdo ("la tierra fértil engendra tres veces al año florecientes y dulces frutos") [22], pasando por las numerosas islas maravillosas de San Isidoro, por la isla de Avalon de la mitología céltica, se revela ser este tipo de paisaje uno de los territorios imaginarios predilectos de la humanidad de siempre. Es casi imposible la tentativa de enumerar exhaustivamente siquiera los más importantes núcleos de la tradición que la Edad Media ha recibido a este respecto y que ha amplificado notablemente. La cartografía ha contribuido no poco a alimentar aquel "romanticismo insular" del cual hablaba Leonardo Olschki y los libros de viajes se hacen eco de esta obsesión en la cual el sueño de riqueza se aúna a lo monstruoso.

Uno de los textos fundamentales a este respecto va a ser, de nuevo, el de San Isidoro. Si se lee el capítulo De insulis del libro XIV de sus Etimologías se observa inmediatamente la extraordinaria densidad de los mirabilia insulares, concentrada sobre todo en las menos conocidas islas del Océano, pero tampoco las islas del Mediterráneo carecen de interés desde este punto de vista. Sin embargo, las marginales ínsulas oceánicas gozan de favor especial: Britania rica en metales, azabache y perlas, Tanatos cuya tierra mata a las serpientes, las Islas Afortunadas (= Canarias) en las cuales los mejores frutos y las más abundantes mieses nacen y crecen de manera espontánea, las Gorgadas habitadas antaño por las Gorgonas, las islas de las Hespérides con el legedario dragón que vigilaba las manzanas de oro, Crise y Argire del Océano Índico tan ricas en metales que su superficie es dorada y plateada, Taprobana (=Ceilán) repleta de piedras preciosas, perlas, animales salvajes y que se cubre de flores dos veces al año, Tylos con su vegetación permanentemente verde. [23]

Una enciclopedia tardía, como la de Pierre d'Ailly, se hace aún eco de esta fascinación; su descripción geográfica se basa esencialmente en Plinio, Orosio, Solino e San Isidoro, así que no será sorprendente leer pasajes como el siguiente:


L'Inde renferme quarante quatre nations, sans compter l'île Taprobane qui est remplie de pierres précieuses et d'éléphants, Chryse et Argyre qui sont remplies d'or et d'argent, et Tylos qui a un certain arbre toujours couvert de feuilles.

O bien la descripción de las Islas Afortunadas, parcialmente copiada de San Isidoro:

 

Les îles Fortunées signifient par leur nom qu'elles renferment tous les biens; comme si elle étaient heureuses de l'abondance de leurs fruits; les forêts produisent naturellement tous les fruits les plus précieux; les collines sont couvertes de vignes sauvages. C'est cette fécondité du sol qui a fait croire aux Gentils que le Paradis était dans ces îles. Toutes ces îles sont remplies d'oiseaux et boisées de palmifères, de noyers et de pins. On y trouve du miel en abondance. Les forêts sont pleines de bêtes et les eaux regorgent de poissons [24].

 

Marco Polo, con su autoridad de testigo ocular no hace sino consolidar la opinión acerca de las riquísimas islas del Océano oriental:

 
En el mar donde está Ciampagu hay otras muchísimas islas, que contadas con todo cuidado por los marineros y pilotos de aquella región se ha hallado que son siete mil ccclxxviii, la mayor parte de las cuales está poblada por hombres. En todas las islas susodichas los árboles son de especias , pues allí no crece ningún arbusto que no sea muy aromático y provechoso. Allí hay especias infinitas.

 

En esta isla [de Ceilán] se encuentran las piedras preciosas que se llaman rubíes, que no se hallan en otras partes. Hay asimismo muchos zafiros, topacios, amatistas y muchas otras piedras preciosas. Su rey posee el más bello rubí que jamás se ha visto en el mundo, pues es de un palmo e longitud y de anchura como el brazo de un hombre; es resplandeciente en extremo y carece de toda impureza, de suerte que parece fuego ardiente. [25]

 

No puede faltar en esta sumaria enumeración el texto de Mandevilla, que tiene una especial afición a este tipo de territorio; según él, la parte oriental de la tierra está constituida casi exclusivamente por islas llenas de riquezas y de toda clase de monstruos:


Aquella isla es muy bien habitada e poblada de gentes; alli crecen todas especias mas habundament que en otra part.[...] Et si ay oro e plata a grant faison.Et ha el Rey un palacio muy noble e muy maraueilloso e mas Rico que ninguno que sea enel mundo...

 

Empues d'aquella ysla va hombre por la mar oceana por muchas yslas ata una ysla que ha nombre nacumeran. [...] Et todos los hombres e las mugeres de aquella ysla han cabezas de perros.

 

En esta tierra e en las otras qui son all entor ay de ansares saluages qui han dos cabeças e ay leones todos blancos e assi grandes como bueyes.

 

Una otra ysla ay [...] do ay muchas malas mugeres qui han piedras preciosas dentro lures oios. Et son de tal natura que si ellas guardan alguna persona por corroz ellas lo matan solament de regoardar assi como faze el basilisco [26].

El eco de tal difundida convicción se vuelve a encontrar en el castellano Libro del conosçimiento:

 
e todas estas islas eran pobladas e abondadas e tierra muy tenplada e en esta isla de bernia avia arboles que la fruta que lleuauan eran aves muy gordas e estas aues eran muy sabrosas de comer quier cozidas quier asadas e en esta isla son los omes de muy grant vida que algunos dellos biuen dozientos años.[...] et en esta isla non ay culebras nin biuoras nin sapos nin moscas nin arañas nin otra cosa veninosa. [27]


Conformemente a las pautas de la geografía literaturizada por tal larga y prestigiosa tradición se van a describir también las islas de Java, Taprobana y Ceilán, con sus especias, piedras preciosas y monstruos.

Incluso el texto de la Embajada a Tamorlán, por lo demás poco inclinado hacia lo maravilloso de este tipo, incluye un eco del llamado "romanticismo insular":

 
Y en este mar de bacu se hallan los diamantes en unas islas de él. Y en esta tierra de Guilán nunca cae nieve, tan caliente es, y hay muchas cidras y limas y naranjas [28].


Historia empírica e historia libresca

En cuanto a la información histórica proporcionada por los relatos de viajes, es de observar que también se tendrían que extender a este campo las consideraciones de Olschki referentes a la geografía ideológica. Efectivamente, al lado de la información histórica propiamente dicha, empírica, obtenida por medio del conocimiento de ciertas realidades con las cuales entran en contacto directo, los viajeros perpetúan un importante caudal de datos que representan la imagen libresca que el mundo medieval se forjaba con respecto a la historia de la humanidad, caudal en el cual lo legendario literaturizado ocupa un lugar importante. Las fuentes de este último tipo de discurso histórico, así como los canales de transmisión, son los mismos que en el caso de la geografía ideológica: los autores de la Antigüedad greco-latina, la Biblia y la tradición cristiana, siendo el conjunto recopilado, glosado e interpretado por la corriente erudita y por determinados ciclos de la literatura de ficción.

En cuanto a las informaciones históricas del primer tipo, las positivas, documentables y obtenidas mediante el contacto directo con pueblos extranjeros, se nota que forman parte de la esfera de intereses inmediatos de la cristiandad occidental medieval: es lo que sucede en el caso del detallado relato de Marco Polo referente al imperio de Kubilay o en el de los amplios informes acerca de los tártaros que proporcionan los frailes Juan de Plancarpino y Guillermo de Rubruck, pero también los redactores de la Embajada a Tamorlán. Estos informes constituyen el resultado de misiones llevadas a cabo especialmente con el propósito de obtener aquellos datos concretos y se nota que los autores ponen especial esmero en redactarlos. Los principales asuntos sobre los cuales versan tales exposiciones de carácter histórico se pueden seguir de forma muy eficaz partiendo del texto de Juan de Plancarpino [29] que los organiza de la forma siguiente:

• fisonomía de los tártaros, matrimonios, vestimentas, moradas y bienes.

• religión

• costumbres y leyes

• orígenes y desarrollo histórico del imperio tártaro

• estrategia y táctica

• diplomacia
Se observa que los datos etnográficos se aúnan a los de historia política, diplomática y militar.

En ciertos relatos predomina el interés por los datos de la civilización urbana; así, a Tafur siempre le llaman la atención las instituciones relacionadas con el bienestar público: el orfanato de Venecia, el servicio de bomberos en Estrasburgo, una "residencia para la tercera edad" en Coloña, etc. [30].

La historia económica y comercial ocupa, a su vez, un lugar significativo en el acopio de datos de los viajeros: es suficiente leer a Marco Polo (pero también a Tafur o a Anselme Adorno) para observar que constituyen fuentes de primera mano para los estudiosos de la historia económica.

Asimismo, ofrecen los viajeros un importante caudal de datos de orden arqueológico: las descripciones de Roma y Constantinopla en Pero Tafur o la de Constantinopla en la Embajada a Tamorlán no son sino algunos de los ejemplos más llamativos. No se deben olvidar los datos de historia militar: descripción de fortificaciones, armas, técnicas guerreras, menciones de acontecimientos bélicos se van a encontrar con frecuencia.

Hay ocasiones en las cuales los viajeros narran acontecimientos históricos que han presenciado como testigos oculares o acerca de los cuales habían podido obtener datos de primera mano, hallándose en la proximidad de dichos acontecimientos. Es el caso de la Embajada a Tamorlán que narra una serie de íntrigas políticas del Imperio de Constantinopla y del de Trebizonda, sucesos en cuanto a los cuales este libro de viajes representa la única fuente histórica. [31]

No es posible omitir en esta enumeración los datos de orden lingüístico que se apuntan en los libros de viajes. Las lenguas con las cuales entran en contacto representan, para los viajeros, uno de los aspectos fundamentales de la alteridad así que insisten en anotar detalles concernientes a éstas. La Embajada a Tamorlán constituye uno de los ejemplos más llamativos a este respecto: se mencionan las lenguas que utilizan ciertas poblaciones o grupos étnicos [32], se traducen ciertos términos extranjeros [33] o se explica el significado de determinados antropónimos [34].

Al lado de la información lingüística es de notar también la información de índole religiosa: los datos que los peregrinos ofrecen sobre los ritos litúrgicos practicados en Tierra Santa [35] o sobre el "programa" de los peregrinos, las observaciones de Juan del Plancarpino, Guillermo de Rubruk y Marco Polo sobre la religión de los varios pueblos con los cuales entran en contacto se dejan observar casi a cada paso; la Embajada a Tamorlán describe la regla de los monjes ortodoxos del Monte Atos y algunas de las procesiones y fiestas religiosas constantinopolitanas [36]; en sus Andanças y viajes, Pero Tafur se deja a su vez impresionar por el fasto de las procesiones religiosas bizantinas [37].

En cuanto a la manera de organizar todo este caudal de datos, los viajeros no se valen de idénticas estrategias. Si se trata de la redacción de un informe oficial, se nota el esfuerzo de los autores por presentar la materia de la forma más exhaustiva posible, en un discurso organizado por núcleos de interés, según se ha podido ver en la Historia Mongalorum de Juan de Plancarpino.

Otras veces, la información se presenta de forma dispersa y tangencial, si los propósitos del autor no se encaminan hacia la realización de un informe propiamente dicho. Tal es el caso de Pero Tafur, en cuyo relato se pueden encontrar datos referentes al Concilio de Ferrara–Florencia–Roma, al estado del Imperio Bizantino poco antes de su caída, al poder turco, a la política de la Orden de Rodas, a la organización de la república veneciana, pero todas estas observaciones constituyen un mero marco para las propias actuaciones del protagonista. Además, el simpático andaluz mantiene relaciones amistosas con muchos de los magnates de su tiempo; la perspectiva que sobre éstos ofrece no es ni muchísimo menos la de la historiografía oficial: Tafur los presenta, las más de las veces, en sus momentos de ocio, conversando, cazando, divirtiéndose; en este sentido, constituiría su libro una fuente ideal para el estudio de la vida cotidiana de la alta nobleza europea de la primera mitad del XV.

En lo referente al segundo tipo de datos que vehiculan los viajeros, los relacionados antes bien con la historia cultural y doctrinal, con la imagen formada por determinados "mitos históricos" perpetuados por la tradición libresca, hemos ya observado que dichos datos tienen su origen en la literatura de la Antigüedad greco-latina y en la Biblia, pero aparecen también determinadas figuras de la historia legendaria medieval.

En lo referente a la Antigüedad, los autores se refieren con más frecuencia a la guerra troyana o a personajes relacionados con ésta:

 

...troya la que destruyo el Rey menelao de greçia e antiguamente esta troya era cabeça de toda asia menor que agora diçen turquía... [38]

 

Y esta isla poblara el rey Priamo e hiciera en ella un gran castillo que es llamado Tenedon, para el defendimiento de los navíos que a la ciudad viniesen... [39]

 

...é está el Dardinelo, puerto é puerta que fueron de Troya, [...] é allí está la torre del Vituperio, donde dizen que Archiles fué fallado con Patroclo... [40]

 

...e vimos la ciudad de Troya que es de fasta trezientos mil vezinos... [41]


También se alude a toda una serie de otros personajes de la Antigüedad, mitológicos o históricos:

• Libro del conosçimiento: Jasón y el vellocino de oro [42].

• Embajada a Tamorlán: las amazonas, Alejandro Magno y sus guerras contra Darío y Poro [43].

• Andanças y viajes: Dedalo y el laberinto, Medea y el vellocino de oro. [44].

• Libro del Infante don Pedro dePortugal: las amazonas, los Centauros [45].

De la historia bíblica se mencionan:

• Libro del conosçimiento: las ciudades de Sodoma y Gomorra submergidas en el Mar Muerto, el templo de Salomón "que fue consagrado por la sangre de ihesucristo", "cananea porque fue de can fijo de noe e despues ouo nombre judea de juda fijo de jaco", el pasaje del Mar Rojo por los judíos, la torre de Babel, la ciudad de Ninive de la cual falsamente cree el autor que "fue destruyda por el pecado sudemytico", las tierras de Gog y Magog. [46].

• Embajada a Tamorlán: el arca de Noé y la ciudad de Calmarin, la primera edificada después del diluvio [47].

• Andanças y viajes: el arca de Noé, los graneros de José (de hecho, las pirámides egipcias), la tumba del apóstol Tomás [48].

• Libro del Infante don Pedro de Portugal: Jesucristo y los doce apóstoles, el arca de Noé, "el mar bermejo por donde passaron los hijos de israel quando venian de egypto", las tierras de Gog y Magog, las ciudades de Sodoma y Gomorra con la historia de la mujer de Lot, una historia apócrifa referente a la huida al Egipto, el sepulcro de la Virgen María, etc. [49]

De la historia legendaria medieval se mencionan, en la Embajada a Tamorlán una torre cuya construcción se le atribuye a Roldán [50] y en las Andanças y viajes el Santo Grial y el viaje de Carlomagno a Jerusalén y Constantinopla [51].



* * *

Una vez acabado el inventario de los principales datos geográficos, cosmográficos e históricos integrados en los relatos de viajes observaremos una característica especial del discurso científico medieval: la de considerar de igual validez las informaciones obtenidas por medio de la experiencia directa y las proporcionadas por el estudio de las auctoritates, sean éstas representadas por eruditos paganos, por el texto bíblico o por los glosadores y recopiladores medievales.

Esta equivalencia de las fuentes del saber confiere al pensamiento medieval la capacidad de admitir, en el ámbito científico, toda una serie de datos pertenecientes a la ficción que se han perpetuado, de esta forma, hasta los inicios de la edad moderna. Su larga tradición y – ¿por qué no reconocerlo? – su encanto, así como la función compensatoria que estos espacios tienen en común aseguran su vigencia y su éxito no sólo en los textos científicos, sino también en los literarios.

En este sentido, subrayamos el valor iniciático que el espacio insular adquiere en una novela caballeresca como Amadís de Gaula: la consagración definitiva de la fortaleza y del amor del protagonista se cumplen en la aventura de la Ínsula Firme, en cuya descripción se pueden reconocer los rasgos característicos de las evocaciones del Paraíso y del palacio del Preste Juan; asimismo, se tiene que apuntar, entre otras aventuras de valor iniciático cuyo escenario preferencial es el insular, la cristianización de la Isla del Diablo que no por casualidad se cuenta entre las islas de Romania, camino de Oriente y, consiguientemente, "puesto avanzado" de lo maravilloso oriental.

La misma dimensión iniciática del espacio marginal/insular, esta vez el septentrional, se vuelve a encontrar en el intrincado itinerario de los protagonistas cervantinos de los Trabajos de Persiles y Sigismunda.

Cabe asimismo mencionar la amplia secuencia textual que Joanot Martorell transfiere del libro de Mandevilla [52]: se trata del episodio de la hija-dragón de Hipócrates, episodio que Mandevilla deja sin finalizar y que Martorell continúa y finaliza en su libro; notaremos que se trata, asimismo, de un episodio insular.

Finalmente, sería interesante observar que sobre todo la geografía ideológica llega a cobrar uso poético en la lírica de los Siglos de Oro: las "ínsulas extrañas" de San Juan de la Cruz, el ave Fénix, la piedra carbunclo, los filones de oro de la Arabia en Góngora, son reflejos tardíos de un universo científico que ha perdido ya su vigencia pero que sobrevive de forma latente, como un fondo de reserva de lo fabuloso.

 



[1] A. T'Serstevens, op. cit., pág. 216.

[2] Leonardo Olschki, Storia letteraria delle scoperte geografiche, Firenze, 1937,
pág. 147 ssq.

[3] En San Isidoro de Sevilla, pero también en la Imago Mundi de Honorio Augustodunensis.

[4] Juan de Mandevilla, op. cit., ed. cit., págs. 96–97.

[5] Libro del conosçimiento..., ed. cit., págs. 20, 76–77.

[6] Plinius, Naturalis Historia, Leipzig, Teubner, 1909, VII, 1.

[7] Aurelius Augustinus, De civitate Dei, Leipzig, Teubner, 1877–1892.

[8] San Isidoro de Sevilla, Etimologías, XI, 3, 1–2, Texto latino, versión española y notas por José Oroz Reta y Manuel A. Marcos Casquero, 2 vols., Madrid, Editorial Católica, 1982 [BAC],vol. II, pág. 47.

[9] Jean Delumeau, Gradina desfatãrilor. O istorie a Paradisului, Bucuresti, Humanitas, 1997.

[10] San Isidoro de Sevilla, op. cit., XIV, 3, 2–3, vol. II, pág. 166.

[11] Semeiança del mundo. A medieval descripion of the world, ed. William E. Bull and Harry F. Williams, Berkeley and Los Angeles, University of California Press, 1959, pág. 57.

[12] Ruy González de Clavijo, op. cit., págs. 107, 158.

[13] Pero Tafur, op. cit., págs.72, 165. Otros contextos similares en las págs. 75, 109.

[14] En realidad, el soberano de la comunidad nestoriana del Extremo Oriente cuya leyenda europea se ha forjado a partir de un difundidísimo falso del siglo XII, una supuesta carta que dicho soberano habría enviado al emperador Manuel Comneno entre 1165–1177; el autor real de la carta parece haber sido un clérigo latino de Oriente. El "documento" representa una síntesis de los mirabilia orientales, reuniéndose en él los lugares comunes del imaginario medieval referentes a los zonas marginales.

[15] Ibidem, pág. 109.

[16] Juan de Mandevilla, op. cit., págs. 124–127.

[17] Libro del conosçimiento, ed. cit., pág. 63.

[18] Ibidem, págs. 65–66, 16, 75, 79, 86..

[19] Gómez de Santiesteban, op. cit., ed. cit., pág. 49.

[20] Ibidem.

[21] Platón, Timeo, (24e–25d), Kritias (113b–121c), en Opere, Bucuresti, Editura Stiintifica, 1993. vol. VII, págs.139–140 y 226–235 respectivamente.

[22] Hesíodo, Los trabajos y los Días, vss. 167–173.

[23] San Isidoro de Sevilla, op. cit., XIV, 6, 1–13, vol. II, págs. 192–194.

[24] Pierre d'Ailly, Ymago Mundi, ed. Edmond Buron, Paris, Librairie Orientale et Américaine, Maisonneuve Frères, 1930, págs. 261, 389.

[25] El libro de Marco Polo anotado por Cristóbal Colón. El libro de Marco Polo, versión de Rodrigo de Santaella, edición, introducción y notas de Juan Gil, Madrid, Alianza Editorial, 1987, págs. 136, 143.

[26] Juan de Mandevilla, op. cit., págs. 97, 99, 100, 129.

[27] Libro del conosçimiento..., ed. cit., pág. 21, cf. asimismo págs. 76–78, 80.

[28] Ruy González de Clavijo, op. cit., pág. 139.

[29] A. T'Serstevens, op. cit., págs. 141–173.

[30] Pero Tafur, op. cit., págs. 216, 238, 241.

[31] José A. Ochoa, "El valor de los viajeros medievales como fuente histórica", Revista de literatura medieval, II, 1990, pág. 93.

[32] Ruy González de Clavijo, op. cit., indicamos entre paréntesis las páginas: "y los que en dicho castillo moraban eran Cristianos Católicos, como quiera que eran Armenios de naturaleza, y la su lengua era Armenia, como quiera que sabían Tartaresco y Persesco." (119); ..."y la lengua era apartada en algunos vocablos de la Persesca; pero lo más de ella es Persiana" (155); " y la tierra de este Imperio de Samarcante se llama tierra de Mogalia y la su lengua se llama Mugalia, y no se entiende esta lengua allende el río, porque hablan todos la lengua Persiana, por do se entienden todos en comunal" (159)

[33] Ibidem: "Y Santa Sofía quiere decir en lenguaje greciano como vera sapiencia." (63); "...y el uno había nombre Horchi, que quiere decir como paje que lleva el arco ante el Emperador, y el otro había nombre Protevestati que quiere decir tanto como tesosrero" (95), "y el hombre que esto hace y más vino bebe dicen que es bahadur, que dicen ellos por hombre recio..." (181) etc.

[34] Ibidem, "...Tamurbec es su nombre propio, y no Tamorlan, como nos lo llamamos, ca Tamurbec quiere decir en su lengua como señor de hierro, ca por Señor dicen ellos Bec y por hierro Tamur" (112); "y esta otra era la segunda mujer, que llaman Quinchicano, que quiere decir la señora pequeña" (188), etc.

[35] Cf. Itinerarium Egeriae, ed. cit., passim.

[36] Ruy González de Clavijo, op. cit. págs. 31, 54.

[37] Pero Tafur, op. cit., pág. 175.

[38] Libro del conosçimiento, ed. cit., pág 33.

[39] Ruy González de Clavijo, op. cit., pág 50.

[40] Pero Tafur, op. cit., pág. 137. Otros contextos referentes a personajes de la guerra troyana en las págs. 12, 46, 134, 186, 187, 288.

[41] Gómez de Santiesteban, op. cit., pág. 7.

[42] Ed. cit., págs 35.

[43] Ed. cit., págs. 224; 129, 159.

[44] Ed. cit., págs. 47, 66.

[45] Ed. cit., pág. 38, 11.

[46] Ed. cit., págs. 37, 38, 70, 71, 83–84.

[47] Ed. cit., pág. 116

[48] Ed. cit., págs. 66, 86, 110

[49] Ed. cit., págs. 3, 19, 56, 28,51, 11, 12.

[50] Ed. cit., pág. 30

[51] Ed. cit., págs. 295, 183.

[52] Señalada por William J Entwistle, "The Spanish Mandevilles", The Modern Language Review, XVII, 1922, pág. 252.


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